miércoles, 2 de julio de 2014

W no sabía de la vida.

Y un día la insultaron por la calle. Y ella corrió hacia el chico más guapo del grupo y le plantó un beso en los labios.
Otro día se rieron de ella en clase. Y abrazó a su compañera como si no hubiera mañana.
Al siguiente, le rompieron las gafas pisándolas fuerte adrede. Y gritó un ‘GRACIAS’ con una sonrisa de oreja a oreja, marcando hoyuelos.
Y los días pasaban. Y ella reía, reía, reía. Era feliz, feliz, feliz.
Y los días dejaron de ser iguales, iguales, iguales. Pasaron a ser tranquilos, sin altercados a remarcar. Y ella empezó a llorar mares, mares, mares.


(Si nos quitan la poca atención que nos prestan, ¿qué nos queda?)

4 comentarios:

  1. Me he enamorado fuerte de esta entrada, Luna.

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    1. Oh, yo me he enamorado de tu comentario, querida.

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  2. No hay cosa que me transmita algo tan fuerte e íntimo como lo que siento al entrar en tu blog y leer, y releer, y releer de nuevo tus entradas.

    Nair.


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    1. Suposo que t'ha donat un soponcio amb la calor que fa i has embogit per acabar dient aquestes coses i, fins i tot, acabar parlant-me en castellàJAJAJAJAJJA ais, moltíssimes gràcies, tot i que jo crec que vas ben equivocada, doncs aquesta ets tu, la que inspira.

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